jueves, 9 de abril de 2015

El Efecto Casa Blanca.

Podría decirse que el título de nuestro encabezado corresponde a una película realizada por Martin Scorsese, Peter Jackson o Christopher Nolan por ser grandes directores de cine y que han filmado éxitos taquilleros, pero no, nuestra dirección va en la política mexicana y ésta, es más interesante que cualquier película dirigida por ellos.

El efecto Casa Blanca tiene como grandes protagonistas a nuestro ilustre presidente Enrique Peña Nieto y a su pequeño grupo de cercanos a él –incluida su esposa Angélica Rivera- enredados en decirle a los medios cómo compraron una lujosa mansión adquirida por la primera dama en el 2012 por más de siete millones de dolares (un aproximado de noventa millones de pesos mexicanos).

La historia que a partir de ahí se ha descubierto, deja al desnudo a lo que sin duda es y será el peor escándalo de corrupción, de tráfico de influencias, de agradecimientos y favores y un sistema presidencial que presuponíamos olvidado pero mostró que nunca se fue y que al contrario, regresó para nunca irse.

El sistema político mexicano sigue sin entender que las actitudes y  los escenarios provocados por la clase política; asquean y demuestran que México, no se merece al gobierno que tiene. Por  más que  existan voces que quieran “defender” al gobierno proliferando los programas sociales, son los propios actores quienes ridiculizan las acciones y lo mal que impera el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Desde la llegada al PRI a los Pinos, se pensó –incluso el que suscribe lo dijo en artículos anteriores- que México cambiaria para bien, que no se iban a repetir errores del pasado, emulando y argumentando que el Presidencialismo… había terminado.

Nos vendieron la ilusión de mover a México; que Enrique Peña Nieto era el presidente correcto y que llevaría a la prosperidad a este país con sus grandes reformas transformando y creando nuevos empleos y mejor pagados. Y se la compramos. Dejamos a un lado a un candidato que se creía “presidente legítimo” y a una mujer que escribía  “Dios mío, hazme presidenta por favor”. A estas alturas del 2015 está por demás cuestionar la legitimidad o legalidad del proceso electoral.

Sin embargo, creo que necesitamos “mover a México”. Mover a las masas, mover conciencias, mover pensamientos, necesitamos que despierte México.
Ya estamos hasta la madre que sigan burlando, jugando, manipulando los intereses de la nación y beneficiándose a costa del erario, de los impuestos, del pueblo.

El efecto Casa Blanca es y está siendo la película más cara para México. Pasando por las compras de Malinalco, el nombramiento de un Embajador – Ministro, el Yo sé que no me aplauden , los 43 de Ayotzinapa, CONAGUA y el Hombre Helicóptero y más recientemente Una Gaviota en Beberly Hills.

Los actores son los mismos, las películas distintas, pero la historia es la misma y no cambia el guion, ni sus luces, sigue siendo la misma porquería de siempre. 

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