lunes, 23 de febrero de 2015

La película que deberíamos protagonizar.

Ayer se celebró la octogésima séptima entrega de los Oscar en la cual se premia a lo mejor de la meca del cine reconociendo a directores, productores, actores y todos aquellos que se involucran en el séptimo arte.

 Para no abundar en el tema, el favorito para ganar  era Birdman; película del mexicano Alejandro González Iñárritu  quien se llevó a casa cuatro premios Oscar incluido mejor película y mejor Director, sin duda, los más codiciados dentro del mundo cinematográfico. 

Al momento de recibir el premio como mejor película, el director dirigió unas palabras sabias, sensatas y a la vez, universales. Su agradecimiento lo pronunció diciendo: "quiero tomarme un segundo para dedicar este premio a mis compañeros mexicanos: los que viven en México, ruego porque podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos, y a aquellos que vivimos en este país, quienes somos parte de la última generación de inmigrantes en este país, espero que podamos ser tratados con la misma dignidad y respeto que aquellos que llegaron antes y construyeron esta increíble nación de inmigrantes”.

Y es que su frase –que será célebre dentro de la meca fílmica- tiene un trasfondo político - social que distingue y caracteriza al director dentro de sus filmes, pues éstos,  siempre relatan una visión cruda, fuerte retratando una sociedad perdida, oscura,  vacía y sin fe tal como lo presenta en filmes como  Babel o 21 gramos.

En ellas observamos  el tema migratorio en particular, siempre enfocando las miradas a los inmigrantes, aquellos que sirven y son explotados, a  las clases sociales que caen y lo mal que actúan los gobiernos ante las personas que no son “ciudadanos residentes de su país.  Su última película se alejó considerablemente de su visión social y de reproche que nos tiene acostumbrados, sin embargo, dejó muy en claro que a pesar de que su protagonista tuvo un apogeo al ser un súper héroe, también tiene y se encuentra en un vació queriendo renacer sin saber qué lugar tomar dentro de su propia historia.

Sí, González Iñárritu  quiso salirse de la película y ser una voz para sus conciudadanos, retratarlos en vivo y en una sola toma,   mostró  el interés y la preocupación del mexicano que reside en el país vecino y dejó que ellos fueran los protagonistas cuadro por cuadro.

Y es que Iñárritu escupió por todos lados y trató de mover conciencias; en especial a la clase política americana  y mexicana. Sus palabras fueron universales y para ambos bandos: México no se merece  el gobierno que tiene y Estados Unidos debe y tiene que  respetar al inmigrante, ese que, -quiera o no- construyó al país vecino.

Hoy Iñárritu puede continuar filmando y seguirse apasionando como lo ha hecho, pero ya habrá dejado el dedo en el renglón para que los gobiernos de ambos países empiecen a valorar y a reconstruir aquello que han dejado como extras en su filme y que no cuentan con un personaje principal y que no aspiran a ser considerados para el papel principal. 

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