jueves, 22 de mayo de 2014

La derrota de Corde-rón

Ha  pasado  más de  año y medio que Felipe Calderón dejó la presidencia nacional de México, llevándose a rastras miles de muertos, un Estado Fallido, una guerra sin cuartel, una economía débil y la fractura del Partido Acción Nacional, aquél que lo llevó a la victoria.

Si recordamos las elecciones presidenciales, veíamos una Josefina Vázquez Mota alejada –y cansada- del grupo del presidente en turno, manejando decisiones y eligiendo a su propio equipo de campaña. No se le puede reprochar la derrota cuando su partido la dejó sola.

Hoy, los únicos sobrevivientes del “hijo desobediente” fueron aquellos que dejaron en bancarrota todo el sistema político que tenía el partido blanquiazul: Javier Lozano, Beatriz Zavala, Juan Francisco Molinar Horcasitas, Mariana Gómez del Campo y por supuesto el delfín de las batallas Ernesto Cordero.

Todos mantienen un perfil bajo, ninguno se ha desempeñado o promovido como una carta fuerte, ni siquiera son competitivos  ante la política pura y natural que impera en nuestro país; sobra decir que ninguno ha ganado una elección popular y aun así exigen como si fueran ganadores.

Hoy sabemos el resultado fallido de Ernesto Cordero ante la elección interna del PAN, no supo, no sabe ni conoce el dominio de un político como lo es Madero. Madero es cierto, no tiene talento pero conoce la regla básica de la política: No importa quién eres sino con quién estás.

Eso no lo aprendió y tal vez no lo instruyeron, sobra decir que el PAN no es el PRI, ni es el PRD aunque se diga que la forma es fondo. El PAN tiene sus estatutos y sus alfiles bien definidos. Cordero pagó todas las cartas rotas que Felipe jugó dentro  y fuera del partido.

Lástima que no contemplaron en esta reforma política electoral, la disolución de los 200 representantes que llegan  por la vía plurinominal. Ellos no sirven ni para el Estado, ni para el país, ni para el gobierno. Su costo –producción no es proporcional a su nivel político.


Lamentablemente, tendremos cuatro años más en el poder a estos distinguidos personajes de la política, que no reflejan más que una derrota visible en sus rostros, que suspiran a una gloria que nunca tendrán y pretenden seguir comiendo y bebiendo del pueblo, por eso tenemos y formamos a la clase política como es… perdedora.