jueves, 27 de junio de 2013

Llega el fútbol a Brasil... y el descontento.

Hace unas semanas, inicio la Copa Confederaciones –un torneo de fútbol  representado por distintos países del mundo- en la Ciudad de Brasil, estado suramericano que será previo a estos partidos, cede de la copa mundial del balompié en el 2014.

Todo el mundo veía a Brasil como un estado en potencia, en crecimiento y promotor de las inversiones extranjeras directas principalmente de los países de Europa del Este y Asia. Sin embargo, todo cambio y el gobierno no ha podido dar margen a ello.

El pueblo se levantó, volteó la cara al sistema que los gobierna y hoy exige un cambio a la política que ha manejado Dilma Rousseff en sus primeros años de gobierno, dando un espaldarazo a que “todo se encuentra en calma” por “Houston, tenemos un problema”.

Aparentemente el movimiento surgió por el alza a los precios de transporte público,  hecho que ocurrió en el mismo día en que iniciaba la copa de futbol.  La violencia en ciudades como Sao Paulo, Belo Horizonte, Brasilia, y demás provincias han dado muestra que el gobierno se encuentra imposibilitado para hacer frente a problemas tan típicos como en cualquier ciudad del mundo.

Brasil se ha presentado como un estado sólido en sus finanzas, sólido en su economía y progresista en cuanto a su nivel de estabilidad social y política, dejando claro que se puede prosperar con ayuda de todos los partidos políticos y un buen gobierno.

No se esperaba una reacción de tal magnitud y mucho menos el actuar del pueblo, un pueblo que pide ser escuchado en las demandas más básicas: más empleo, más educación, mejor calidad de vida y servicios a la salud  visto  a la luz… una reforma política. Y ciertamente hoy, al pueblo ya no se le puede dar pan y circo, no permite  escenarios ni espectáculos ostentosos cuando es el  ciudadano quien  reclama lo que por derecho le corresponde. El estado social por el cual atraviesa Brasil responde y desconcentra  los atributos que le han dado al país sureño en cuanto al paraíso tropical.

Inician las pláticas y conciliaciones con el grupo que se encuentra disperso, no tiene líder ni un representante que se encuentre en el poder, es un movimiento popular  y como tal, debe ser escuchado y esa clase media quien es la que mueve al  gobierno quien insiste en beneficios y no imposiciones dignas del autoritarismo latino.


El juego bonito y la samba –dignos representantes del país amazónico-  quedan en el olvido para exhibir  un juego político donde no hay cancha pareja, no existen árbitros en la contienda y no hay tanda de penales. Brasil se juega el todo por el todo  en su estadio, en su torneo… con su pueblo.

martes, 18 de junio de 2013

El uso político de la religión.

Hace unos días, se suscitó una nota en el norte de México; en la Ciudad de Monterrey  y en particular  en el municipio concretamente.

La alcaldesa o presidenta municipal en un acto religioso, a título de funcionaria pública entregó las llaves de la ciudad a Jesucristo que, para efectos espirituales, es líder de la iglesia apostólica católica y romana.

Este hecho recorrió toda la república ¿Por qué? Pues México es un país laico y así establecido en la constitución, libre de toda creencia religiosa.

Los debates no pueden esperar ante tal suceso: ¿la iglesia católica y México son y seguirán siendo uno mismo? La respuesta es sí.  Difícilmente será dividido o suprimido  por mucho que se quiera o desee liberar el estigma por el cual traemos en la sangre así como las  connotaciones políticas que existan.

Nuestra historia está plagada de acontecimientos importantes que han llevado a formar el estado mexicano iniciando con la independencia de Mèxico cuando Hidalgo llevó como estandarte a la virgen de Guadalupe. ¿a poco somos tan ingenuos para creer que los indígenas seguían un espíritu libertador? No, ellos creían en la imagen, en la fuerza que la virgen representa como baluarte, como esperanza, como fe. La guerra civil ocurrida en la época de Benito Juárez, el Porfiriato, la misma Revolución con Madero y sus fantasmas así como  la guerra cristera, son parte de nuestra formación y acontecer histórico.

Una frase reproducida por el candidato Luis Donaldo Colosio ha sido formada y llamada como espíritu del Partido Revolucionario Institucional: Veo un México con hambre y sed de justicia.

Hasta Vicente Fox, el primer presidente del cambio institucional, llevó su creencia hasta el palacio legislativo defendiendo a capa y espada que Dios y la Virgen se encontraban casi gobernando el estado mexicano.

Y creo que no está de más pensar en una inclusión dentro de la política moderna: el uso político de la religión.

Muchos mandatarios expresan ante el público – y sus gobernados- la creencia  religiosa que profesan, los hacen suyos y los convierten en sus aliados a la hora de gobernar.


Jesucristo, Alá, La virgen María y hasta san Judas Tadeo  son invocados en la política moderna. Es momento de revalorar a la política y que nadie se sienta aludido por pertenecer o creer en una religión, lo que no es “políticamente correcto” es profanar y prostituir esa creencia en sinónimo  de valor, de gallardia, de honestidad y transparencia cuando al momento de ejercer el poder y detentarlo abusan del mismo corrompiendo la palabra empeñada.   Al fin de cuentas…  El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella.