sábado, 18 de agosto de 2012

¿Y después del primero de julio?


Hemos pasado cuarenta y cinco días desde que se llevaron a cabo las elecciones más competitivas en la Historia de México. Desde hace mucho tiempo no se consideraba la posibilidad de tres candidatos  a contender por el máximo cargo público con altos niveles de aceptación, mas no de votación.

Como hace seis años, las historias pasadas vuelven a convertirse en presente pensando en resolver el futuro de la democracia.

Hoy, conocemos que Enrique Peña Nieto es el presidente electo y posiblemente, si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación así resuelve… nuestro gobernante por el periodo de seis años. El problema radica en que su llegada al poder y a la silla presidencial no fue del todo sana, y menos aplaudida como se pensaba.

Andrés Manuel López Obrador, el gran perdedor, impugnó la elección manifestando la compra de votos y  favoritismo para el candidato priista por parte de los medios. Sus pruebas: una vaca, un cerdo, gallinas, pollitos, mandiles, manteles, charolas, vasos, lápices, plumas, etc.
¿Qué acaso no sabe que eso es parte de la estrategia de toda campaña? ¿A quién quiere engañar mostrando artículos que seguramente se obsequiaron como en toda campaña? 

¿Acaso nos cree ilusos don Andrés imaginando que su partido, aquél que lo llevó a la candidatura no lo hacía?

Vivimos en un estado de derecho, y apegado a las leyes y normas que contemplan nuestros códigos y reglas para una convivencia. Nadie está por encima de la ley, nadie. Le guste o no, sus abogados deben saber que en materia electoral estas pruebas no demuestran una compra de votos, el voto es libre y secreto, no puede ser sujeto a condiciones, mucho menos, a cuestiones.

El votante estando adentro de la casilla hace lo que quiera con él; anula, escribe, subraya, tacha, pinta, etc. Por eso la casilla es individual, nadie sabe por quién votó más que el ciudadano. Por eso, las elecciones no pueden ser invalidadas como pretende Andrés Manuel López. Sus pruebas no pertenecen al sistema democrático.

Valido sería que tuviera la información de esos cinco millones de ciudadanos - que coincidentemente son los que le hacen falta para ganar-  que según fueron comprados y atestiguaran  y enfrentaran al poder judicial sabiendo que la compra de votos es un delito federal.

No es de “hombres de Estado” querer imponer su ley, manipular a su antojo información que según le llegan de las redes sociales, de anónimos, de su círculo de poder, de él mismo. Sus pruebas como hemos visto  han sido vapuleadas y negadas por las mismas instituciones públicas y privadas.

Hoy a 45 días, solo queda una cara derrotada que no acepta el fracaso, que no considera que lo hizo mal, que su estrategia de  seis años no sirvió para conquistar al pueblo mexicano, que recorrer todo el país, municipio por municipio no lo hizo fuerte, sino lo debilitó. Hoy su orgullo vuelve a estar herido, deseando ser él y solo él quien ocupe los Pinos, Palacio Nacional  y su nombre por los libros de Historia.
Sí, después del primero de julio México vuelve a ser el mismo, sin luces ni sombras, pensando que tendremos una vez más un Estado Mexicano comprado o manipulado  y volveremos a estar en el mismo lugar en donde nos encontramos…