lunes, 23 de julio de 2012

Entre el tango, el fútbol y Evita.


Si algo tiene que contar Argentina ante el mundo dentro de su historia y pasión, son tres conceptos que se han convertido en materia: el tango, el fútbol y Evita.

El tango, en voz del gran e inigualable Carlos Gardel, le regaló a la música un toque romántico difícil de manipular por los estribillos que no son cantados sino interpretados, le asignó  un toque de inspiración a ese baile que sin duda es la expresión más cercana al ballet clásico.

Por su parte, el fútbol argentino es considerado uno de los mejores del mundo por la rapidez y la magia que tienen sus jugadores con el balón a sus pies. No hace falta mencionar al gran Maradona  que hoy ocupa un lugar en la historia, no del fútbol, sino de la historia misma de Argentina. Su habilidad, su destreza y la manera en la que “la mano de Dios” ayudó a este hombre de 1.65 cm de estatura a ganar el mundial en 1986, lo hace pieza dentro del ajedrez argentino.

Y por último, la sociedad argentina viene a recordar –a sesenta años de su muerte- a la grande, a la política, a la luchadora social, a la líder popular Eva Perón.

María Eva Duarte, ganó su lugar dentro de la política argentina colocándose como una progresista en un sistema donde no había cabida para que las mujeres tomaran decisiones dentro de la política. Esposa del Coronel Juan Domingo Perón, ella decidió colocarse al lado del poder mismo. Su carisma y la forma de hacer política, opacaron al coronel como presidente y se erigió la leyenda por la que Argentina aun vive  y respira por Evita.

El pueblo argentino le debe mucho a su musa, a su mujer, a su Eva. Líderes como ella, solo el siglo XX puede contarlas. Eva Perón logró lo que a muchas mujeres en el poder anhelan: amor y la entrega de su pueblo.

La razón de su vida siempre estuvo ligada al poder, a la política, a la cercanía entre el gobernante y el gobernado. Por eso Perón la amaba, por eso Perón, no la dejaba. Sí, por eso el pueblo la llamaba Evita, porque ella era – y seguirá siendo- la madre de todos los pibes…

miércoles, 4 de julio de 2012

¿Por qué Peña?


México celebró el primero de julio las elecciones más importantes de su historia. Hemos vivido una jornada electoral, pacífica –a pesar que en 6 años hemos estado en guerra contra el narcotráfico- venidera y participativa.

El elegido para ser el futuro gobernante es Enrique Peña Nieto, el candidato del PRI- PVEM quien obtuvo cerca del 38% de los sufragios mientras que el candidato Andrés Manuel López Obrador, un 31%.

Ante esta situación, el deja vu del  2006, persigue al político tabasqueño, quien –una vez más- afirma que las elecciones estuvieron llenas de irregularidades y que por eso, pide voto por voto, casilla por casilla.

Esta afirmación de López hace ver  que 18  millones de votantes están comprados, que votaron por algo a cambio. Sin embargo, hay muchas razones por lo que la gente decidió dar su voto a Peña Nieto,  y que probablemente fueron causales para su triunfo.

La primera de ellas, es que México está comprometido con los modelos económicos internacionales, lo cual fija una postura diplomática que va más allá de pasar a un gobierno socialista o social, como lo pretendía ejercer Andrés Manuel, sus contrastes para aplicar una república de austeridad, espantó al modelo neoliberal que decidió incrustarse en la política monetaria.

La segunda de ellas, es que la arrogancia, la soberbia y la manera en la que el presidente amoroso pretendía ejercer con miles de ciudadanos cayó en el primer debate donde mostró los dientes filosos de lobo, y empezó a descalificar y denostar. Aunado a ello, sus “colaboradores” quisieron pasar charola por seis millones de dólares para que él ganara dejando un golpe bajo a su campaña.

La tercera de ellas, y porque la gente así lo decidió al votar por Peña Nieto, es que es un hombre para la política joven, carismático y con atracción al electorado. No podemos dejar atrás el arrastre que tiene como político de nueva generación y la empatía, cosa que ningún candidato –incluyendo Josefina Vázquez Mota- obtuvo en campaña.

Por ello y más motivos la gente decidió votar por alguien diferente, ya sea por acarreo, por cooptación, por despensas, por todo lo que se pueda ocurrir, pero en la democracia el voto comprado vale igual que el voto razonado. No hay diferencias y no hay prueba de demostrarlo. Así es la regla, así es la política.

Hoy nos queda aceptar que Enrique Peña Nieto, es el virtual presidente  electo. Nos pese o no, es así, y el TRIFE tendrá que dictaminar una elección sin tintes ni acarreos, sin chantajes ni manifestaciones y el perdedor debe entender que  en México dejó de ser una dictadura perfecta, para pasar a una democracia imperfecta…