martes, 21 de abril de 2009

La jugada de Obama.


La semana pasada, la zona poniente de nuestro Distrito Federal recibió la visita de una persona que se está convirtiendo en el héroe del mundo occidental: el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama.

Días antes de celebrarse la cumbre en Latinoamérica, quizo hacer gala de su presencia en México lo cual originó diversos escenarios políticos y sociales por estudiar, más al ser éste, el primer país de la región latina que conquista con esa sonrisa que lo caracteriza.

En primer lugar, Barack Obama no vino a hacer migas con la clase política mexicana, ni regalar un discurso elocuente y espontáneo a su arribo; sino dejar en claro la agenda que en cuatro años, él y su equipo llevarán como eje primordial: Un acercamiento en Latinoamérica.


Durante el gobierno de Bush, América Latina dejó de tener la importancia que la doctrina Monroe asumía como suya: “América para los americanos” quedó sin efecto, lo que propició que Brasil, Argentina, Chile y demás países del cono sur siguieran una filosofía del buen hermano, algo así como “nos ayudamos entre nosotros”.

Así también, México olvidó que pertenece a la comunidad latina y que es uno de los países más importantes dentro del eje americano por su ubicación geográfica, por su talento en la diplomacia, por ser un Estado neutro y fungiendo siempre una línea de no intervención y respeto por los demás países que conforman nuestro continente.

Por eso lo importante de esta alianza, esta sociedad, y esta unidad que Felipe Calderón recordó en palabras del ex presidente Kennedy en épocas de gloria y que significan el inicio de nuevas relaciones que involucren a todos los actores internacionales. Hoy México y Estados Unidos deben voltear y trabajar con el sur y volver a retomar las relaciones comerciales, políticas, y sociales.


La llegada de nuevos liderazgos como Chávez, Lula, Bachelet y Morales por mencionar a algunos, implica mucha técnica política y lidiar con egos propios y ajenos, Obama sabe que necesita astucia, valor y poder de convicción y negociación para llegar a acuerdos positivos frente a ellos, el acercamiento con Calderón demuestra que en política todo y nada es un juego, donde no basta ganar, sino trabajar con habilidad y estilo consensuado.

sábado, 11 de abril de 2009

Para ti ¿Quién es Dios?


Hablar de sexo, política y religión es nunca llegar a algún punto favorable, puesto que las discrepancias existentes no nos permiten lograr acuerdos sino a coincidencias.

Las religiones tienen dentro de su esfera a un ser supremo al cual invocan como creador y dador de vida y que remite sus enseñanzas a través de la Biblia, el Corán, o algún texto sagrado. Estas, lo han denominado Alá; Jehová; Buda, pero sin duda el que más ha estado presente dentro de la cristiandad es Jesús como Dios padre, Dios hijo, y Dios espíritu santo.

Jesús como hombre demostró al mundo un potente liderazgo y su vida ha sido estudiada con principios teológicos y principios universales, formando así su mito, su leyenda, su creencia. Jesús como evangelizador nos recordó que el amor lo es todo y el perdón hace al hombre; nos enseñó a pensar, a analizar, a encontrar soluciones propias a cada uno de los problemas, dejando un legado en valores humanos, políticos y morales.

Apartando mi creencia religiosa, quisiera preguntar ¿quién es Dios? ¿Cómo es el que existe en cada uno de nosotros? ¿Por qué el hombre busca esa necesidad en un ser superior a él cuando siente angustia o un vacío a su alma?

Preguntas que son discutidas y nunca resueltas, dejando entrar a la discusión y al debate entre teólogos e historiadores. La única coincidencia en la que podemos estar a favor es que en él muchos se han refugiado, han jurado, han amado y han traicionado.

Todos hablamos de él, tiene una semana para él; tiene santuarios para él; tiene a más de mil millones de creyentes para él, pero yo creo –como lo dice Jaime Sabines— que es un viejo magnífico que no se toma en serio y que, si quieres hacerlo reír… coméntale tus planes.

lunes, 6 de abril de 2009

El legado de Jesús, Juan Pablo y Teresa.


En el siglo XXI, figuraron dos personajes en el ámbito eclesiástico que cambiaron el rostro de la humanidad: La madre Teresa de Calcuta y Juan Pablo II.

La madre Teresa simbolizó el amor al prójimo y al desinterés propio. Su caridad y apoyo al pueblo donde impartió la fe hizo mover a muchos corazones reacios por la caridad, su amor a Jesucristo la llevo a servir a los "más pobres entre los pobres". Su muerte fue dolida, sentida y amarga, pues una mujer de gran corazón había partido de este mundo para entregarle cuentas al señor.

Pero el fallecimiento de Karol Wojtyla estremeció a todos, incluyendo a escépticos y no católicos. El liderazgo de este hombre fue innegable y su investidura como el primer apóstol rebasó a gobernantes, presidentes, reyes. El carisma que le imprimió a su mandato hizo que la Iglesia recuperara adeptos y a “ovejas descarriadas”.

Gobernar más de 27 años a una institución tan poderosa como lo es la Santa Iglesia Apostólica y Romana no fue fácil y más cuando su figura también representa a Dios sobre la tierra. Se ha escrito mucho sobre Juan Pablo II y cómo no hacerlo si fue el primer Papa polaco de la historia; el primer extranjero después de 455 años de pontífices italianos y que bajo su mandato, fue el tercero más largo de la Historia.
Los decesos de estos dos grandes personajes evangélicos hicieron perder el rumbo de la Iglesia que hoy gobierna. Si bien es cierto que el Estado Vaticano es uno de los más ricos del mundo, hoy, se encuentra en números no favorecedores y en una fuga masiva de fieles que no aceptan al nuevo Benedicto XVI.

La visión que tenia Juan Pablo II y la madre Teresa era servir a todos aquellos que necesitaran consuelo, amor, y paz a su corazón bajo las enseñanzas del creador, fomentando los valores universales bajo el respaldo de una Iglesia sólida y confiable, dejando atrás el pasado oscuro que en ella existe.

Esta visión se pierde con Benedicto XVI que ha sido catalogado como un papa frío, sin luz para demostrarle al mundo que él también puede ser un digno representante de Dios; que puede rescatar los principios fundamentales escritos en la biblia; que puede separar la imagen política con la imagen eclesiástica y sobre todo que puede desempeñar el mejor papel que Jesús, Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta mostraron ante el mundo: el amor hacia los demás.